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Escuché por primera vez del Sistema de diseño humano hace tres años. Fue la primera vez que alguna lectura como estas me permitió reconocer y nombrar algunas partes de mi misma que ningún otro marco de referencia había hecho antes. En especial porque mi tipo de aura, el Proyector, es un diseño reciente en la evolución humana y el más
incomprendido y apoyado en nuestras culturas que han evolucionado a partir de sistemas de supervivencia, de dominación y de jerarquías; donde el valor propio se mide a partir de la productividad y la exigencia por ser todos iguales.
Yo venía de un tiempo de renuncia, rabia y frustración, y una tristeza profunda, ante los procesos colectivos y las ideas de comunidades (especialmente en el mundo de las familias medicina/espirituales y de equipos trabajando por la regeneración humana). Mi sistema nervioso estaba colapsado, tenía fuertes alergias en la piel, insomnio, y sobre todo mucha rabia, que estaba expresando sin gracia para tejer nuevas cosas, y al contrario estaba lista para destruir todo.

Desde hace un año comencé a realmente vivir el experimento de mi propio diseño humano. Dicen que le tarda al cuerpo siete años regenerarse a un nivel celular para poder encuerpar nuevos patrones. Y esta es la invitación que hace este sistema. Entonces tengo mucha curiosidad de cómo se vive este camino para adelante. Al principio tenía algo de aversión a otro sistema de autoconocimiento, sobre todo uno que era una mezcolanza de sistemas oraculare o de autoconocimiento (Astrología, Chakras, Kabbalah, I ching). Me sonaba muy “nueva era”. Sin embargo con el tiempo me doy cuenta que aquello que canalizo Ra Uru Hu en el 1981, el Sistema de Diseño humano, trae una información y la presenta, pero que al adentrarse en seguir ciertas pautas a través de vivir estratégicamente y con autoridad propia, se va revelando, como una llave que abre a una frecuencia profunda que se entona con el devenir y la posibilidad evolutiva de estos tiempos. Lo que parece información y palabras, carga detrás de si una enérgetica que al comenzar a vivirla abre puertas a una participación más hermosa en la vida propia y sobretodo relacional. Me es dificil explicarlo a veces…

En mi caso encontré una fascinación nueva por mi autenticidad, mi forma de amar salvajmente, mi gusto por el sentido del humor oscuro y la gente inteligente. Empecé a no tener que dudar de mis instintos de sentirme abrumada, poder descansar, permitirme no querer compartir mi energía y el espacio energético con otras personas, a valorar mi libertad y a transformar saludablemente mi odio por la autoridad. Empecé a poder poner limites, a decir que no, a disfrutar no hacer de todo, y honrar la intimidad con buenos amigos, la compatibilidad y la complicidad, a honrar sobre todo la reciprocidad en las relaciones. Me dejé de sentir loca, sobre todo cuando muchas veces estuve sola creyendo que yo había creada historias en mi mente y había generado dinámicas tóxicas, disruptivas y discordiosas. También me recordé que mi mente era maravillosa, y no estaba para tomar decisiones, ni para explicarle a aquellos que no querían escucharme realmente algo, sino para hacer preguntas elegantes, entrar en conversaciones muy profundas, traducir los misterios del universo a entendimientos propios. También entendí que mi intensidad puede causarle incomodidad a los otros, que no todos quieren tanta intimidad, que ciertas formas de amor son intimidantes para algunos y los asusta.

Bueno y esto es mi experiencia, lo mejor es que todos somos distintos y será distinto para todos vivir el experimento de ser humanos. No es para todos que sea así como fue para mi. Pero en general este sistema abre camino para la diferenciación, el entender que todos somos distintos, para la autenticidad radical, la paz/satisfacción/éxito/sorpresa según nuestro tipo aurico, y sobre todo el entendimiento encuerpado que manejemos dinámicas energéticas distintas y nos relacionamos con lo demás (humano y cósmico) de maneras distintas, por lo que no podemos pretender que todos funcionemos igual.

Este nuevo tiempo de la humanidad trae la caida de las figuras autoritorias y dominantes, aquellas estructuras que nos hicieron sentir seguros durantes siglos, de los poderes y estructuras jerarquicas, de la ilusión de que desde afuera nos cuidan y nos sanan. Viene un tiempo donde nos alejaremos de la dimensionalidad de la densidad material hacia un mundo de ideas, de campos de información, de creación de tecnologías y formas de convivir con dimensiones de conciencia más sutiles, que nos invitan a trabajar por el bien común desde nuestra propia autoridad interna, desde nuestra propia responsabilidad.
Erfurt, Alemania. Junio 9 de 2026.

En el Piedemonte Andino amazónico participando del metabolismo de esta tierra. Comiendo, pelando, deleitando, transformando, sudando, compostando, criando, comadreando. Hay gente aquí nativa y foránea al tiempo, antigua y futura al tiempo, soñando vida, ofrendando, cantando, danzando, agradeciendo la vida. Haciendo puente entre la cordillera y la selva, entre los tiempos y los sueños.


Entre los caminos y las colinas y las quebradas, las chagras y los fragmentos de bosque se escuchan los machetes podando, y las flautas y tambores y el zapateo.


Se comparten en conjunto el cacao, con macambo, con yaca, con inchi cacay, con sacha inchi, con chirimoya, con guamo, con papaya, con cocona, con moringa, con prontoalivio, con limonaria, con yota, con borojó, con chiro, con piña, con plátano, con guandul, con maíz, con chontaduro, y açai.


Nos brindan chicha de chontaduro, casabe y fariña, tucupí.


Abriendo claridad para empezar la sucesión, poniendo atención al movimiento que busca complejidad a través de la transformación de la materia viva, criando suelo. Acompañando al ejemplo del bosque. Dispuestos a transmutarnos.


Después de estar aquí despertando el paladar ante el sabor indómito del espíritu del alimento, y rozando las ramas, pisando la hojarasca y el chamizo, parece simplón comer lo mismo, sembrar monocultivo. Cómo no celebrar esta tierra, cómo no celebrar la oportunidad, la vida que se cede para dar más vida, la abundancia, la comensalidad, el placer, el orden de la vida donde todas las cosas juntas y distintas tienen un lugar.


Gracias a los que se levantan a vivir así en @eslabon_la_realidad.

La realidad, Eslabón, Villa Garzón, Putumayo; 25 de febrero del 2026.

La atmósfera se siente densa. Nada que llueve en días. Pasan por encima las nubes grises y pesadas y siguen y se van. Algo está con ganas de romperse. Unas aguas represadas. La fuerza del agua. Esta es exactamente la sensación que se siente en los momentos antes de que baja la sangre cíclica. Todo eso que se fue recogiendo y recogiendo, la cima de una montaña, el climax… Sostener, sostener… las hormonas exaltadas, hiperalertas, los ánimos caóticos. La maestría del caos, rendirse y sentir curiosidad por el movimiento que barre para renovar. El eros de la tensión. Placer, vida, muerte. Contracción y relajación. Inhalar, exhalar. Oxidar.

¿Cómo se le olvida a mi cuerpo respirar? No que era un movimiento involuntario. No lo puedo dar por sentado hoy. Algo está contrayendo el pecho.


No estoy segura de qué.

Hay gente brava alrededor mío. Quieren tener la razón y se ponen más bravos si no estoy de acuerdo. No tienen tiempo para tanta vuelta alrededor de la decisión ya tomada desde antes, del cansancio, del ocupe, del desorden, del ruido, del cuestionamiento. Así se sentía desde que era niña a mi alrededor. Fisiología comprometida. Sistema nervioso comprometido. Y ahora cómo se cambian los patrones que se han adentrado por debajo de la piel, de los que el cuerpo tiene mas memoria que la razón. De las tos que llega con la tristeza, de la alergia que la llama el higado, que la llama el parásito que encontro su oportunidad en el desequilibrio alcalino.

Respirar, tomar aguita, soplar tabaco, prender el fuego, sudar, cantar. Recoger leña, podar las ramas. Imaginar.

Tener curiosidad por la libertad. Tener curiosidad por el tiempo nuevo que viene. Complicidad con el que tiempo que colapsa y se es el pasado al mismo tiempo. Se le da la mano a uno mismo. Se cultiva la compasión.

Qué llueva, qué llueva… la virgen está en la cueva.

Bogotá, 12 de febrero 2026.

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